Fernando Henrique Cardoso
En el libro Crise e reinvenção da política no Brasil, publicado en 2018, Fernando Henrique reflexiona sobre lo que, en sus propias palabras, fue la causa de su generación: la construcción de la democracia.
Para él, la democracia es tanto un conjunto de instituciones políticas que buscan asegurar, además de libertades y garantías fundamentales, la competencia pacífica por el poder, en elecciones libres, justas y periódicas, así como una cultura con determinados valores y prácticas, como el respeto por quienes piensan diferente. La ve como una construcción histórica que avanza y retrocede en el tiempo y en el espacio. Los avances se producen a medida que los valores democráticos se extienden y se arraigan en la sociedad y las instituciones políticas avanzan en la misma dirección, en un proceso de retroalimentación mutua.
En sus escritos más recientes, es constante la preocupación por la crisis de la democracia. En su opinión, las instituciones políticas no se han adaptado y no han logrado dar respuestas satisfactorias a las transformaciones socioeconómicas y tecnológicas que se han acelerado desde las últimas décadas del siglo XX, vinculadas directa o indirectamente a la globalización. Por un lado, se transformaron las bases sobre las que se organizaban el mundo del trabajo y la vida social, exacerbando la percepción de injusticia en la distribución de la renta, la riqueza y el poder, y generando inseguridad y temor respecto al porvenir. A la vez, se debilitó la capacidad de los partidos y los sindicatos para representar y encauzar las demandas de la sociedad hacia las instituciones políticas. Por otra parte, Internet y las redes sociales conectaron al mundo a través de redes de comunicación e información que generaron en la gente una expectativa de mayor participación y voz no solo sobre su propia vida, sino también sobre las decisiones gubernamentales, ya sea por acciones individuales o por movimientos sociales.
Estas expectativas han sido defraudadas en gran medida, entre otras razones, porque los gobiernos de la mayoría de los países han perdido capacidad de decisión, obligados a equilibrar a duras penas las diversas presiones de los electores y las restricciones fiscales y normativas emanadas de los mercados globales o de instituciones supranacionales.
Para Fernando Henrique, las respuestas a la actual crisis de la democracia representativa y al auge del autoritarismo no se encontrarán listas en los estantes de la historia. Partiendo de esta premisa, ha dedicado los últimos años a dos temas críticos de la agenda contemporánea de la democracia y el desarrollo sostenible. Por una parte, el fortalecimiento de los mecanismos de gobernanza global para manejar problemas que no puede afrontar un solo país, como la regulación de los mercados financieros y el cambio climático. Por otra parte, la necesidad de ampliar el abanico de experiencias de participación y control social, sin poner en entredicho la democracia representativa.
Aún tras cumplir sus noventa años, Fernando Henrique Cardoso no ha dejado de interesarse por lo nuevo.