Fernando Henrique Cardoso
En 1992, el presidente Fernando Collor, el primero electo por sufragio directo tras el golpe de Estado de 1964, fue sometido a un juicio político que culminó con su destitución. En su lugar, asumió el cargo el vicepresidente, Itamar Franco, que nombró a Fernando Henrique Cardoso ministro, primero de Relaciones Exteriores y luego de Hacienda. Cuando Cardoso asumió el Ministerio de Hacienda, en mayo de 1993, la inflación anual superaba 1.000 % y seguía creciendo. Antes de él, tres ministros habían ocupado el cargo, en un gobierno con poco más de seis meses de vida. La crisis económica se agravaba y el fantasma de la ingobernabilidad aterraba al país.
Brasil ya no creía en las terapias de choque, como la congelación de precios, salarios y tarifas públicas para combatir la inflación crónica y creciente. Los siete intentos anteriores habían fracasado, empezando por el Plan Cruzado, adoptado en el gobierno de Sarney. Cardoso sabía que otra congelación produciría el mismo resultado. Fueron siete largos meses de agonía, con la inflación al alza y la popularidad del Gobierno a la baja, hasta que en diciembre de 1993 se anunció el programa de lucha contra la inflación. Se desplegaba en tres fases; nada se hizo en secreto, ni la sociedad fue tomada por sorpresa.
En ese proceso, Fernando Henrique se convirtió en el hombre fuerte del Gobierno. Rodeado de economistas de gran reputación dentro y fuera de Brasil, vinculados al PSDB, era él quien daba la última palabra en las negociaciones con el Congreso. Quien hablaba con la sociedad. Y quien gozaba de la confianza del presidente y de los acreedores internacionales.
Así, Fernando Henrique se convirtió en el candidato natural del Gobierno para las elecciones de octubre de 1994. Para presentarse, tuvo que dejar el Ministerio de Hacienda en abril, cuando el candidato del PT, Luiz Inácio Lula da Silva, lideraba con holgura las encuestas de intención de voto y la nueva moneda aún no se había lanzado.
Con el inicio de la circulación del real, el 1 de julio de 1994, la caída abrupta de la inflación y la confianza de que esta vez sería diferente, se creó un clima de optimismo en el país, al que también contribuyó el cuarto título de la selección brasileña, ganadora del Mundial de Fútbol de aquel año, después de 24 años. Fernando Henrique se disparó en las encuestas y en octubre derrotó a Lula ya en la primera vuelta.