Fernando Henrique Cardoso
Fernando Henrique ocupó la presidencia de la República durante dos mandatos, de 1995 a 1998 y de 1999 a 2002, en ambas ocasiones electo en la primera vuelta, siempre con Luiz Inácio Lula da Silva como principal adversario. Sus ocho años en el Palacio del Planalto estuvieron marcados por la consolidación del Plan Real —la inflación, que había rozado 1000 % en 1994, se situaba por debajo de 10 % al final de su mandato— y por reformas del Estado destinadas a reducir su presencia en el sector productivo y reforzar sus funciones reguladoras. Se privatizaron bancos públicos, empresas públicas de telefonía y energía eléctrica, se puso fin al monopolio de Petrobras en el sector de petróleo y gas, se abrieron concesiones de servicios portuarios a la iniciativa privada y se crearon agencias reguladoras independientes en todos los sectores de infraestructura. Otra característica de sus gobiernos fue el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud y educación, además de la creación de programas de transferencia de ingresos para las familias más pobres. Se implementó un programa de combate al sida que aseguró la distribución gratuita de medicamentos antirretrovirales, lo que evitó que la epidemia fuera más devastadora en Brasil.
En el plano político, los gobiernos de Fernando Henrique se distinguieron por el reconocimiento de la responsabilidad del Estado brasileño por la violación de los derechos humanos durante la dictadura, por la construcción de coaliciones partidarias que permitieron la aprobación de enmiendas a la Constitución necesarias para las reformas del Estado y de la economía, por la creación del Ministerio de Defensa, con el nombramiento de ministros civiles para el cargo, y por la transición colaborativa a su oponente y sucesor, el presidente electo en 2002, Luiz Inácio Lula da Silva.
La estabilización de la economía y la consolidación del régimen democrático hicieron posible la reinserción de Brasil en el mundo. Cardoso fue un presidente muy activo en política exterior. Dio prioridad al fortalecimiento del Mercosur, a la integración física de Sudamérica, a la democracia y a la paz en la región. Bajo su liderazgo, el Mercosur incorporó la denominada «cláusula democrática», se puso en marcha la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica y, con la mediación de Brasil, Perú y Ecuador pusieron fin a un conflicto de muchas décadas sobre sus límites fronterizos.
En la visión de Cardoso, la integración regional no excluía la participación de Brasil en iniciativas de mayor alcance, como las negociaciones para la creación de un Área de Libre Comercio de las Américas, una iniciativa de Estados Unidos, y un acuerdo con la Unión Europea, cuyos primeros pasos se dieron durante su gobierno. Pero la prioridad fue siempre la integración regional. Partidario del multilateralismo, el gobierno de Cardoso condenó los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, pero adoptó una postura crítica, aunque prudente, respecto a la política de la Guerra contra el Terror adoptada por Estados Unidos, cada vez más al margen de las Naciones Unidas.