Fernando Henrique Cardoso
No deja de sorprender que, habiendo nacido en una familia de militares, Fernando Henrique Cardoso optara por estudiar Ciencias Sociales. Su formación estuvo marcada por pensadores europeos y, a finales de la década de 1950, ya como profesor adjunto de la cátedra de Sociología, creó junto con otros jóvenes profesores de humanidades de la Universidad de São Paulo (USP) el Grupo de Lectura de El Capital, de Karl Marx. No eran militantes de ningún partido político, sino académicos interesados en encontrar en ese autor, al igual que en otros clásicos de la sociología, algunas claves para comprender la realidad de Brasil, que por entonces se industrializaba y urbanizaba rápidamente.
Nada más ajeno a Fernando Henrique que el cliché del intelectual aislado. Como sociólogo, desde los comienzos de su carrera realizó una extensa investigación empírica, primero estudiando sobre las relaciones y los prejuicios raciales en São Paulo. Su dedicación a la investigación académica no impidió que Fernando Henrique participara en la vida pública brasileña, en aquel entonces marcada por crecientes conflictos entre sectores conservadores y progresistas. Se comprometió con la campaña «El petróleo es nuestro», a principios de la década de 1950, en favor de la creación de Petrobras, y pocos años después luchó en favor de la escuela pública, en respuesta a la ofensiva de los conservadores en favor de la enseñanza privada confesional.
En 1963, obtuvo la cátedra de Sociología. A los 32 años ya era conocido en Brasil, América Latina y Francia, donde había trabajado en el Laboratorio de Sociología Industrial de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS, por sus siglas en francés).
Durante su etapa en la universidad se manifestó su vocación de liderazgo: entre 1957 y 1962, representó a exalumnos, doctores y profesores agregados ante el Consejo Universitario, máximo órgano de deliberación de la USP.
Esta trayectoria fue truncada por el golpe militar de marzo de 1964, que a los pocos días le obligó a abandonar Brasil. Se trasladó con su familia a Santiago de Chile, donde comenzó a trabajar en el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES), vinculado a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo de las Naciones Unidas.